Impresionado por Calixto Sanchez cantando por Antonio Marchado

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Si no lo han escuchado nunca,  estas sevillanas de Calixto Sanchez cantando por Sevillanas los poemas de Antonio Machado “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla”, son de lo mejor que he escuchado en mi vida en este palo, 🙂

 

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y  un huerto claro donde madura el limonero;
de un patio de Sevilla

mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos hechos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

(estribillo)

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito
el pan que me alimenta, y el lecho donde yago.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

(estribillo)

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

(estribillo)

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito
el pan que me alimenta, y el lecho donde yago.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

(estribillo)

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito
el pan que me alimenta, y el lecho donde yago.

Acerca de Nicolás Suárez

... mucho que aprender y no sé, si algo que contar ...
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