Nicolas Suarez
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Hoy es muy común recibir la “cita médica” de hospitales públicos y concertados mediante correo postal en nuestro domicilio.

En dicha carta siempre se nos informa de la fecha y hora de la cita, junto a un número de teléfono para cambiar dicha cita si no puedes asistir, “haciendo un llamamiento a tu sensibilidad con letras negritas y de mayor tamaño, donde se te informa de que si no puedes asistir, llames al teléfono que aparece para anular la cita o cambiarla, con objeto de que otra persona pueda hacer uso de ella.

El tiempo de un médico es muy valioso, no solo en términos económicos, si nos en términos de salud para otro paciente, a la que un retraso en su atención medica puede suponer un grave perjuicio.

Después de sufrir la experiencia con varios hospitales, después de realizar así como unas 10 llamadas diarias durante una semana con cada uno de ellos para intentar cambiar una  cita, me ha sido imposible contactar con nadie que me pueda ayudar a realizar dicha gestión.

Indignado, me desplazo en ambos casos al Hospital correspondiente concienciado de la importancia del ahorro de nuestra sanidad,  con objeto de cambiar dicha cita presencialmente y perdiendo media mañana en cada caso para realizar dicha gestión.

Tengo que reconocer que en este apartado el hospital concertado ha funcionado mucho mejor que el público, donde para hacer dicha gestión he tenido que recorrer prácticamente todo el hospital pasando al menos por 3 oficinas distintas. Adicionalmente, en el hospital público, me cambiaron la cita con el doctor, pero no me cambiaron la cita para la cita de rayos, pues la persona que lo gestinaba había salido y se desconocía cuando volvería. Me hicieron un fotocopia y me aseguraron que me llamarían al día siguiente para darme la cita de rayos el mismo día del cambio de la cita médica. No lo cumplieron, nadie me llamó para cambiar la cita, y evidentemente, nadie cogia el teléfono luego.

Sin embargo, a diario, veo como cualquier pequeño negocio, peluquería, dentista, físio, etc., te llaman para confirmar la cita un día o dos antes de la misma, o bien te envían un SMS para recordártelo y se asegurar de que vas a asistir, o en caso de que no puedas asitir, te facilitan el contacto para cambiar la cita con objeto de que puedan atender a otra persona.

¿Será que en el caso de un negocio privado les duele más la pérdida económica? Es evidente que cualquier pequeño negocio tiene menos recursos que un hospital, no está justificado que un pequeño negocio funcione mejor. Mas allá, lo público, total, no me cuesta dinero.

En este país, no hay conciencia de que lo público, lo pagamos todos!

El propietario de un pequeño negocio sufre en sus propia piel la pérdida económica que le supone la no asistencia de un cliente a una cita, en lo público no sufren por eso,  no le duele a nadie, aunque al final lo pagamos todos.

Parece increíble en pleno siglo XXI que las entidades públicas sigan trabajando de forma tan arcaica, insensibles al despilfarro, a la vez que no son conscientes de las dificultades que supone para el ciudadano hacer cualquier gestión.

Con la tecnología existente hoy día es realmente fácil proveer al ciudadano de los canales adecuados para facilitar dicha gestión de forma automatizada, lo que aportaría un ahorro importante a la vez que facilitaría la gestión al ciudadano.

El invertir 4 horas de nuestra jornada  para el cambio de una cita, desencadena que terminemos no haciendolo ante la indisponibilidad de tiempo, con el consiguiente gasto sanitario innecesario para las arcas públicas que pagamos todos.

Es cierto que parece más fácil recaudar, en este caso te dan todas las facilidades para que cumplas con tu obligación tributaria. Pero no se dan cuenta, de que hay dos vías para  disponer de más dinero, ingresar más o gastar menos.

 

 

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